Literatura,  Periodismo

Conociendo a Borges y su «Aleph»

«Si un libro les aburre, déjenlo. Si hay libros tediosos para ustedes, no los lean. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad». Esas tres breves oraciones salieron de la boca de Jorge Luis Borges, uno de los escritores argentinos más importantes de todos los tiempos y quien aconsejaba con sabiduría a sus estudiantes que no debían leer por obligación.

El autor de estas líneas adhiere completamente al concepto de Borges, pero por tratarse de él quiso hacer una excepción a la regla. Porque luego de años de apilar libros en su biblioteca, quien les escribe sentía la imperiosa necesidad de saldar una cuenta pendiente: leer algo de uno de los escritores más sobresalientes de su país, quien además se encuentra entre los más destacados de la literatura universal.

Para empezar a conocer su literatura, la obra escogida fue El Aleph, un libro que cuenta con un total de 17 cuentos con argumentos de lo más variados. Dentro de ellos se encuentra un cuento homónimo al libro, que tiene al propio Borges como protagonista y explica el concepto del «Aleph». El significado de esa palabra que tanto nombramos al hablar de Borges tiene que ver con la primera letra del alfabeto hebreo y, en este caso, el autor la empleó para definir a una esfera diminuta que puede asociarse a diferentes conceptos según quien lo lea. Algunos dicen que tiene que ver con el significado del universo —algo que el propio Borges señala, aparte de fundamentar que la letra hebrea connota el principio de las cosas— y otros interpretan que se trata de una referencia a su vasta biblioteca, que también es nombrada en el relato.

Imagen de Jorge Luis Borges en su vejez. Foto: archivo.

Y justamente la biblioteca de Borges es la gran protagonista del libro, al igual que seguramente lo debe ser en sus demás obras. Porque así como se sabe que el escritor porteño fue uno de los más importantes de la literatura argentina —junto a Ernesto Sabato, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar—, también se dice que ha sido el más grande de todos los lectores argentinos. Una definición que resulta difícil de cuestionar cuando se lee cualquiera de los 17 cuentos presentes en El Aleph, donde Borges emplea un léxico digno de un ávido lector que incluso puede obligar a detenerse por un instante (o varios) para buscar el diccionario. Así de compleja es en ese sentido esta pieza de literatura borgiana, que, por otro lado, es simple y directa en lo que a expresión de conceptos se refiere.

En cuanto a las características propias de los cuentos, en El Aleph el lector encontrará diversidad. Porque ya en las primeras dos historias —El inmortal y El muerto— se pasa desde las referencias a la literatura griega hacia el Uruguay y, más tarde, se puede hallar desde una historia relativa al Martín Fierro de José Hernández —Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)— hasta otra ambientada en la Alemania nazi —Deutsches Requiem—. La infinidad de detalles brindados a lo largo de todos los relatos no sólo enriquece la narración, sino que también da cuenta de la capacidad de Borges para describir algunos lugares del mundo que sólo conoció a través de su mundo propio: sus preciados libros.

Está claro que, como les dijo Jorge Luis Borges a sus alumnos, no hay que leer un libro si no se siente placer al hacerlo ni tampoco es necesario forzar la lectura incluso aunque la obra en cuestión sea de un genio de la literatura. No obstante, si se quiere desestimar su consejo para conocer más acerca de su trabajo, sin lugar a dudas El Aleph merece una oportunidad.

Imagen destacada: Freepik.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *