Bariloche, un encanto de la Patagonia demasiado masificado
Desde la rionegrina ciudad de 25 de Mayo hasta la fueguina ciudad de Ushuaia, la Patagonia argentina cautiva tanto por sus características naturales como por las grandes obras producto del ingenio del hombre. No obstante, a nadie le quedan dudas de que la ciudad patagónica por excelencia, si de fama se habla, es Bariloche.
Llena de lagos y montañas y con una bonita arquitectura, Bariloche recibe cada año a una enorme cantidad de turistas que se deleitan con sus bondades. Una cantidad que, con el correr del tiempo, se incrementa cada vez más al punto tal que, por momentos, puede opacar el disfrute de una ciudad que destaca por donde se la mire.
UN DESTINO CON FAMA MERITORIA
La ciudad en sí: una pinturita
Tal como ocurre con Ushuaia y con Salta, en general sus grandes atractivos pasan por las delicias naturales que se encuentran en sus cercanías. Sin embargo, al igual que las mencionadas ciudades, Bariloche posee una magia propia que le añade un plus a la aventura natural.
¿Qué es lo que se encontrará el turista en Bariloche? Una ciudad que tiene un poco de todo: una arquitectura muy particular, con una fuerte presencia de madera como suele ocurrir en toda la Patagonia en general; una oferta gastronómica que va desde el estofado de ciervo hasta los famosos chocolates locales; unas costas de piedra bañadas por las aguas del lago Nahuel Huapi; y, como si todo eso fuese poco, una interesante historia que incluye la presencia de militares nazis que se asentaron allí tras perder la Segunda Guerra Mundial.
Un aire europeo
Y, justamente el hecho de que muchos alemanes nazi se hayan radicado en Bariloche —incluido Josef Mengele, el médico más sádico y popular de la dictadura— tiene que ver con las grandes similitudes entre la ciudad patagónica y muchas de sus pares europeas.
Según cuentan los locales, los nazis que lograron huir encontraron en Bariloche una réplica americana de sus tierras. Entre todos los lagos, bosques y montañas, sumado al intenso frío de la Patagonia, los exiliados europeos se sentían un poco menos lejos de casa. Y fue tan así que, con el correr del tiempo, terminarían desempeñando un rol clave en la identidad de la ciudad, pues su arquitectura, gastronomía y cultura se verían reflejadas en diferentes sitios e instituciones locales desde las famosas casas alpinas hasta escuelas como el Instituto Primo Capraro.

Una naturaleza que lo tiene todo
Y, tal como se anticipaba anteriormente, por supuesto que lo más impactante de Bariloche es su costado natural, al que verdaderamente no le falta nada.
Porque la ciudad estrella de Río Negro cuenta con imponentes formaciones montañosas, entre las que se destacan el Cerro Campanario, el Cerro Catedral, el Cerro Tronador o el Cerro Otto; cuenta con el Río Manso, en el cual se puede practicar rafting; cuenta también con una gran cantidad de lagos como el Nahuel Huapi, el Gutiérrez, el Moreno, el Mascardi o el Guillelmo; y, además, cuenta también con playas como la Bonita, la Centenario y la Serena, que cuando hace calor se convierten en verdaderos oasis para refrescarse a través de sus aguas bañadas por los fríos lagos.
El Parque Nacional Nahuel Huapi es, tal vez, el ejemplo que mejor resume la maravillosa condición natural de Bariloche. Allí la estrella es, naturalmente, el lago Nahuel Huapi, pero también todos los cerros mencionados anteriormente y muchos otros más; la Isla Victoria, donde se puede llegar navegando y donde se destaca el fantástico Bosque de Arrayanes y la Playa del Toro; y, entre muchas otras cosas más, el Glaciar Negro —oficialmente conocido como Ventisquero Negro—, que impacta gracias a su extraño color producto de la sedimentación y que contrasta con la claridad de la Laguna de los Témpanos que yace en su base.

EL BOLSÓN, LA ESCAPADA RIONEGRINA
Pero Bariloche ofrece también otras posibilidades que van más allá de sus delimitaciones geográficas. Porque, desde allí, se puede hacer una escapada a otra belleza rionegrina: la ciudad de El Bolsón.
Ubicada a aproximadamente 120 kilómetros de Bariloche, El Bolsón se destaca por su clima distendido producto de la gran feria de artesanías que allí se lleva a cabo en la Plaza Pagano, por un importante patio de cervezas también artesanales y, claro está, por su naturaleza.
¿Qué se puede hacer allí? Muchísimas cosas, entre las cuales se destacan:
- El senderismo: se puede subir al Cerro Amigo y al Cerro Piltriquitrón, desde los cuales, además, se podrá disfrutar de vistas panorámicas.
- El agua: pasar el día en el Río Azul o bajo la Cascada Escondida es otra de las opciones más interesantes, especialmente en épocas cálidas.
- El Bosque Tallado: ubicado en el Cerro Piltriquitrón, se trata de un museo natural caracterizado por esculturas realizadas a través de un árbol incendiado.
- El Cajón del Azul: un pequeña porción de agua del Río Azul encajonada entre rocas. Se accede a él tras una caminata que en promedio dura dos horas y que vale totalmente la pena debido a la placentera sensación que produce ver ese cajón de agua verde asomarse tras un largo y desgastante trekking. Eso sí, hay que tener cuidado porque la temperatura del agua es bajísima.
NEUQUÉN, LA EXCURSIÓN FUERA DE LA PROVINCIA
Si El Bolsón es una de las excursiones estrella dentro de Río Negro desde Bariloche, Neuquén es la protagonista principal fuera de la provincia. Y eso se debe, principalmente, a dos ciudades: Villa La Angostura y San Martín de los Andes.
Esas dos ciudades de montaña son de las más importantes de la provincia de Neuquén debido a su arquitectura alpina, su chocolate y al hecho de tener a la Cordillera de los Andes de fondo. Y, además, ambas se pueden recorrer a través de la Ruta de los Siete Lagos, que está principalmente compuesta por los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo.
Por otra parte, desde allí se puede visitar también el Parque Nacional Lanín, que se destaca por una variada fauna que incluye pumas y guanacos, y cuyo símbolo principal es el volcán homónimo.


LA MAYOR CONTRA: LA MASIFICACIÓN
Sin embargo, no todo lo que brilla es otro. Porque Bariloche es tan únicamente hermosa que ni los turistas nacionales ni los internacionales se la quieren perder. Y eso, lamentablemente, representa un verdadero problema para la ciudad, que se ve completamente abarrotada de gente por doquier.
Esa masificación queda visiblemente plasmada en los diversos colapsos que enfrenta Bariloche y que están representados por filas interminables para visitar sitios, por la necesidad de reservar con mucha anticipación para ir a comer y por un nefasto servicio de transporte público que no da abasto para satisfacer a esa enorme masa de gente que quiere hacer uso de él. Además, un derivado de todo ello es el alto coste tanto de los productos como de los servicios, que están claramente más orientados al bolsillo del visitante extranjero que del de la propia nación.
El lado negativo de Bariloche no es despreciable porque limita la experiencia en la ciudad, pero queda más que contrarrestado por el vasto lado positivo. Con eso es con lo que hay que quedarse, y también con la esperanza de que algún día la Argentina mejore a tal punto que, tanto para los de adentro como para los de afuera, visitar Bariloche sea una experiencia aún más placentera de lo que es hoy en día.
Imagen destacada: Martín Bugliavaz.






