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Salta y Jujuy: belleza natural, calidez humana y pobreza omnipresente

Recorrer las provincias del noroeste de la República Argentina que son habitualmente agrupadas bajo el concepto de Norte Argentino es como viajar a través de una montaña rusa emocional. Porque esa región que sabe mucho de maravillas de la naturaleza y que está repleta de gente amable por doquier, también sabe bastante acerca de una miseria que, lamentablemente, también está presente en muchos de sus recovecos.

Ese es justamente el caso de Salta y Jujuy, dos provincias marcadas por los contrastes entre su belleza natural y artificial y las carencias estructurales propias de un país sumergido en constantes crisis como lo es la Argentina.

SALTA: NATURALEZA IMPONENTE Y UNA CIUDAD QUE SORPRENDE

Unas maravillas geológicas que dejan boquiabierto

De más está decir que lo que más impacta de la provincia de Salta son aquellos hitos geológicos que la hacen una de las regiones argentinas más visitadas.

Y, de todas ellas, las que más boquiabierto dejan son las presentes en la Quebrada de las Conchas. Esta reserva natural, que se encuentra a escasos kilómetros de la localidad de Cafayate, se destaca por un color rojo intenso que lleva a pensar que no se está visitando algo dentro de la Tierra, sino en Marte.

Así, allí será posible toparse con increíbles formaciones rocosas como la Garganta del Diablo o El Anfiteatro: mientras que el primero luce como una enorme grieta dentro de la montaña, el segundo es un cañón con una acústica natural increíble que muchos músicos aprovechan para ganarse la vida a través del turismo.

La capital, una belleza urbana

Más allá de su evidente belleza natural, lo que también sorprende de la provincia Salta —o al menos eso es lo que sucedió con este cronista— es la ciudad homónima. Porque la capital provincial también impacta con sus bonitas cualidades artificiales, muchas de ellas heredadas de la época colonial.

Y si hablamos de sorpresas es porque lo usual, a la hora de pensar en Salta, es visitar justamente esos espectaculares sitios de la Quebrada de las Conchas. Sin embargo, como muy probablemente deba pasar por Salta capital por cuestiones logísticas, el visitante se llevará una grata sorpresa con una ciudad que luce ordenada, limpia, rebosante de vida y con una interesante oferta turística.

¿Qué es lo que más sorprende de la capital salteña? Sin lugar a dudas, el casco histórico y sus alrededores. Porque allí se concentran todas esas edificaciones que son testigos del enriquecimiento cultural propio del pasado español, como la Plaza 9 de Julio, el Cabildo, la Catedral, el Convento de San Bernardo o la Basílica de San Francisco.

Sin embargo, eso no es todo. Porque Salta además cuenta con actividades culturales muy interesantes como el Museo de Alta Montaña o el Museo Güemes para los más patriotas, y también con un indispensable: el Cerro San Bernardo, donde se podrá disfrutar de unas empanadas salteñas tras subir en telesilla disfrutando de una hermosa vista panorámica de la ciudad.

La gastronomía, imperdible

Ya sea en la ciudad, en los pueblitos o en cualquier sitio donde se pueda conseguir al paso, la gastronomía de Salta es algo que no se puede dejar de disfrutar en una visita para así enriquecer la experiencia.

Aunque seguro las empanadas se roben todos los flashes —pues Salta es uno de los sitios más tradicionales en el cual probarlas—, pero hay mucho más. Y, entre todo, se destacan:

  • El tamal: maíz que se cocina dentro de las hojas de la mazorca y que suele incluir carne y queso.
  • La husita: maíz que se sirve en las propias hojas de la mazorca y que suele incluir queso y zapallo.
  • El locro: un guiso a base de maíz que es especialmente recomendado para climas frescos.
  • El dulce de cayote: como su nombre lo indica, un dulce hecho con un fruto llamado cayote que se suele acompañar con queso de cabra u oveja. Es, ni más ni menos, una variante local del famoso queso con membrillo.
Las famosas empanadas salteñas.
Las famosas empanadas salteñas. Foto: Martín Bugliavaz.

JUJUY Y SUS BONITOS PUEBLOS CON MARAVILLAS DE FONDO

Cerros de muchísimos colores

Si Salta cautiva a nivel naturaleza principalmente gracias al rojo predominante de la Quebrada de las Conchas, Jujuy lo hace a través de la combinación de una gran cantidad de colores que endulzan la vista.

Eso es lo que ocurre con el Cerro de los Siete Colores, próximo a la localidad de Purmamarca, y también con la Serranía de Hornocal, que se encuentra cerca de Humahuaca y que también es conocida como El Hornocal o el Cerro de los Catorce Colores. Y, como si con eso no bastase, en Maimará está ubicada La Paleta del Pintor, una formación rocosa cuya gama de colores es tan amplia que directamente ni se los cuenta.

Los colores, que también van formando parte del camino recorrido hasta llegar a cada una de esas montañas, son sin dudas los grandes protagonistas. Porque, aunque en fotos ya parezcan bonitos e increíbles, al verlo es imposible no asombrarse por cómo una roca enorme, inerte y en el medio de la nada puede adquirir tan brillantes colores y, además, hacerlo combinando unos con otros para formar una infinidad de combinaciones que variarán con la luz natural.

Unos pueblos adorables

Cuando hablamos del Cerro de los Siete Colores, de la Serranía del Hornocal o de La Paleta del Pintor, hablamos también de Purmamarca, de Humahuaca o de Maimará. Y en esos pueblos, al igual que como ocurre con las montañas que los rodean, los colores también adquieren protagonismo.

Porque ocurre que en ellos y en tantos otros pueblos jujeños las vestimentas típicas de la zona, que son confeccionadas artesanalmente por los lugareños, están hechas de los colores más variados. Un hecho que le da más alegría aún a unos pueblos que ya de por sí se destacan por contar con habitantes simpáticos y acogedores, y que al mismo tiempo contrasta con el tono un tanto apagado de las viviendas antiguas y austeras que tan típicas son en aquellos lares.

Las salinas, un espectáculo para los ojos

Y si queremos seguir con los colores, podemos. Pero esta vez de un modo distinto y con el blanco acaparando casi todo en las Salinas Grandes, un salar de más de 200 km2 compartido entre Salta y Jujuy a pesar de que en la práctica se lo asocia más a esta última.

Las Salinas Grandes representan un espectáculo completamente distinto al de los demás paisajes pues acá no hablamos de muchos colores compartiendo la escena paisajística, sino que el blanco de la sal lo domina casi todo por completo. No obstante, la hegemonía no se produce al 100% debido al agua del salar, que brilla de color verde o celeste bajo el sol y que termina de completar un escenario idílico en el cual, valga la aclaración, es necesario cuidar los ojos del intenso brillo blanco.

Las Salinas Grandes, una joya compartida entre Jujuy y Salta.
Las Salinas Grandes, una joya compartida entre Jujuy y Salta. Foto: Martín Bugliavaz.

LA POBREZA, EL TRISTE DENOMINADOR COMÚN

Tanto Salta como Jujuy comparten la dicha de contar con maravillas naturales y con gente amable y hospitalaria. Pero, lamentablemente, también tienen como denominador común una pobreza estructural que está patente en muchas partes de sus respectivas geografías.

Purmamarca, Humahuaca o Maimará, por citar pueblos de Jujuy ya mencionados, son un claro ejemplo de ese triste contraste que hay entre la amabilidad de la gente local que le brinda todo al visitante y las pobres condiciones bajo las cuales viven. En esas localidades, al que en Cachi o en San Antonio de los Cobres en Salta, pasa un enorme número de turistas que recorren ambas provincias dejando allí un dinero que, desafortunadamente, no se refleja en las condiciones de vida de sus habitantes.

Es por ese motivo que, más allá de la gran cantidad de bondades que las caracterizan y aunque suene exagerado, recorrer Salta y Jujuy duele. Sin dudas que duele, porque allí es completamente visible una pobreza que muchos no saben o no quieren ver, y que muchos otros dicen tener que ir a ver a otras partes del globo para agradecer lo que tienen en su vida. Salta y Jujuy están acá cerca, a pocas horas de avión de Buenos Aires, y claramente son un testimonio cabal de las fuertes desigualdades que atraviesan al país.

Imagen destacada: Martín Bugliavaz.

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