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Una aventura vasca: desde San Sebastián hasta Bilbao atravesando pueblos encantadores

En muchos lugares de España el verano puede llegar a ser abrasador. Pero, afortunadamente, la nación ibérica también cuenta con sitios que resultan ideales para huir de ese calor veraniego que entre julio y agosto alcanza su punto álgido. El País Vasco, sin lugar a dudas, es uno de ellos.

Con una más que merecida fama de ser una tierra de constantes lluvias (pues allí, en promedio, suele llover en 140 de los 365 días del año), el País Vasco (también denominado en euskera como Euskal Herria o Euskadi, dependiendo de qué concepto político de hable) se ofrece como un destino ideal para unas frescas vacaciones de verano. Y, a pesar de que las grandes ciudades como San Sebastián o Bilbao pueden llegar a picar en punta a la hora de aventurarse en tierras vascas, lo cierto es que también se puede encontrar allí una gran cantidad de pintorescos pueblos que, a pesar de no contar con la fama y con la infraestructura de las dos grandes metrópolis mencionadas anteriormente, también se destacan por su particular belleza.

SAN SEBASTIÁN Y UN AMBIENTE BASTANTE PARTICULAR

Comenzando el recorrido desde Madrid, San Sebastián (Donostia, en vasco) es el primer punto de destino. Se trata de una de las ciudades vascas más importantes, pues es la capital de la provincia de Guipúzcoa y la tercera urbe más poblada de Euskadi tras Bilbao y Vitoria.

Conocida por las bonitas playas que la convierten en uno de los destinos turísticos más destacados de España (entre las cuales sobresale la mítica Playa de la Concha) y también por el famoso Festival de Cine de San Sebastián, esta ciudad cuenta con una atmósfera peculiar. Porque tras dejar de lado la costa para empezar a sumergirse de lleno entre las calles del casco histórico, el visitante podrá apreciar un contraste entre la enorme cantidad de extranjeros que disfrutan de los famosos pinchos (pintxos, en euskera) y el nacionalismo vasco que se hace presente en banderas colgando de los balcones, en los carteles y grafitis que adornan las paredes y en el propio idioma vasco, que se deja apreciar en los nombres de las calles, en los locales comerciales y en las conversaciones de aquellos bares más frecuentados por locales.

Más allá de las bonitas edificaciones que engalanan a la ciudad en general y a su casco histórico en particular, ese ambiente tan especial será uno de los mayores atractivos de San Sebastián, que parece estar definida por esa interesante dualidad entre lo español y lo vasco. Algo que, per se, es interesante descubrir.

GUETARIA, LA TIERRA QUE VIO NACER A ELCANO

Con la vista enfocada hacia el oeste, la próxima destinación tras dejar atrás San Sebastián es Guetaria (Getaria, en vasco), una localidad que se enorgullece de ser la tierra de origen de Juan Sebastián Elcano, un marino español que es reconocido por haber dado la primera vuelta al mundo en barco en el siglo XVI.

¿Qué hay de interesante para ver en Guetaria? A pesar de ser pequeña, Guetaria es bonita y posee elementos que la hacen merecedora de una parada. Como Elcano es el ciudadano más ilustre del lugar, en la calle principal, donde está el edificio del Ayuntamiento, se encontrará una estatua suya que, además, estará acompañada de cerca por el Ancla de Guetaria, el Barco de Guetaria y una flameante ikurriña (la bandera del País Vasco).

Por otra parte, y más allá de la disfrutar de la costa y de los pescados que se preparan en aquella zona, Guetaria también cuenta con el Museo Balenciaga. Se trata de un espacio dedicado a la figura y obra de Cristóbal Balenciaga, el célebre diseñador de moda español que, al igual que Elcano, también nació en esta localidad guipuzcoana.

ONDÁRROA Y EL ENCANTO DE SUS PUENTES

La siguiente parada con destino final a Bilbao es Ondárroa (Ondarroa, en vasco), el primer destino del recorrido que se encuentra dentro de la provincia de Vizcaya. Y, a pesar de que también es pequeña, de esta localidad será posible llevarse unas postales idílicas de sus diversos puentes construidos sobre el río Artibay, desde donde será posible también tener unas bonitas vistas de la magnífica combinación del agua y las embarcaciones, las rocas de los puentes y los prolijos edificios presentes en cada uno de los lados.

LEQUEITIO: COLORES Y CALIDEZ

Cerquita de Ondárroa se encuentra Lequeitio (Lekeitio, en vasco), que es un verdadero espectáculo. No sólo por las casas de colores que tanto la distinguen, sino también por sus bonitas playas, su pintoresco puerto y su muy bien conservado casco histórico, donde se destacada la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora.

Pero, más allá de eso, lo que también hace especial a Lequeitio es su cálido ambiente. Metiéndose por las cuidadas y estrechas calles del casco histórico, y luego de dejar atrás una plaza principal en la cual los niños se entretienen jugando al fútbol, será posible encontrar bares llenos de gente tanto en el interior como en el exterior, algo que nutrirá considerablemente la experiencia en esta localidad vizcaína que ya empieza a dar indicios de cómo será Bilbao.

MUNDACA Y BERMEO, SINÓNIMOS DE PINCHOS Y HELADOS, RESPECTIVAMENTE

Siguiendo la ruta costera dentro de la provincia de Vizcaya, nos encontraremos con Mundaca (Mundaka) y Bermeo (Bermeo). Ubicados a menos de diez kilómetros de distancia entre sí, primero Mundaca y luego Bermeo nos van dejar bonitas imágenes tanto urbanas como naturales, pero también sensaciones gastronómicas que vale la pena experimentar.

Mundaca, que se encuentra primero partiendo desde Lequeitio, consta de una zona portuaria en la cual se halla un paseo cultural, una ikurriña flameando por el viento costero y unos bares pegados al puerto en los cuales será posible degustar unos pinchos mientras se admira el paisaje compuesto por las playas, la vegetación y las pintorescas casas a ambos lados de la ría de Vizcaya.

En Bermeo, por otra parte, se tendrá la sensación de estar nuevamente en Lequeitio por la similitud paisajística dada por la combinación de casas coloridas con un puerto repleto de embarcaciones. Aunque tal vez resulte un poco menos acogedora que Lequeitio, también será interesante pasear por las calles angostas de esta localidad vizcaína y, por sobre todas las cosas, probar el helado artesanal de Al Peccato di Gola, una heladería ubicada justo frente al puerto.

SAN JUAN DE GAZTELUGACHE: CUANDO LA REALIDAD ES IGUAL O MÁS ÉPICA QUE LA FICCIÓN

Pocos kilómetros después de la localidad de Bermeo se halla un lugar verdaderamente épico: San Juan de Gaztelugache (San Juan de Gaztelugatxe, en vasco). Para quienes gusten de Games of Thrones seguramente este sitio resultará aún más especial porque sirvió de base para crear la ficticia Isla Rocadragón, pero no es necesario haber visto o ser fanático de la serie para contemplar la epicidad de este islote que pertenece administrativamente a Bermeo.

Llegar no es fácil, pues primero habrá que descender por caminos de tierra y luego ascender por cientos de escalones (241, para ser precisos). Sin embargo, el sacrificio valdrá la pena porque en lo más alto no sólo se podrá tener una panorámica del Golfo de Vizcaya, sino también de todos esos escalones subidos previamente y que, desde lejos, darán la sensación de ser una muralla como la famosa de China. Además, como si todo eso fuese poco, también en la cima se encontrará una enorme y flameante ikurriña (sí, otra más) y una antigua ermita hecha de piedra.

BILBAO, LA CORONACIÓN PERFECTA PARA CUALQUIER VIAJE

Y, finalmente, muy próxima de Gastelugache se encuentra la joya de la aventura: Bilbao (Bilbo, en vasco). Después de alrededor de cien kilómetros de travesía y tras hacer una última y breve parada en la pequeña pero agradable localidad de Baquio (Bakio, en euskera), llega el momento de disfrutar de la ciudad más poblada del País Vasco.

Y cuando decimos disfrutar es realmente eso, pues resulta imposible no hacerlo en una ciudad que, al menos para un turista, se ve tan perfecta como Bilbao. Porque la capital de Vizcaya parece tenerlo todo: se encuentra constituida por edificaciones antiguas y modernas que se amalgaman armoniosamente, está cruzada por el río Nervión, cuenta con un clima fresco (producto del propio río y de las tan frecuentes lluvias), alberga al disruptivo Museo Guggenheim y, por sobre todas las cosas, es cálida. Una calidez dada por la gente que habita en ella y que contrasta con el frío dado por el clima y por el color oscuro de algunos edificios históricos, pero que le da alma a la urbe para que no sólo se destaque por su belleza estética.

Al caminar por casi cualquier parte de Bilbao, pero particularmente en las zonas más céntricas y en el caso histórico, será posible hallar un ambiente que da gusto y ganas de quedarse allí de por vida. Porque, como si tomar cerveza y comer pinchos no fuese suficiente, las calles bilbaínas repletas de vida invitan a disfrutar aún más de una ciudad en donde la gente parece ser especialmente simpática. Y eso, naturalmente, siempre es un plus.

No está de más decir que este viaje es posible hacerlo de tantas formas como personas hay sobre la faz de la tierra. El País Vasco cuenta con muchas más ciudades, localidades y pueblos con belleza propia que los hacen dignos de una escapada, pero les asegura quien escribe estas líneas que, quien siga este itinerario en particular, no se arrepentirá. Porque, además, no hay que olvidarse de la sidra, las nueces, el dulce de membrillo y muchas otras delicias gastronómicas más. Convincente, ¿no?

Imagen destacada: Martín Bugliavaz/Alicia Villalta Oliveira.

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