Venecia, entre la mística del carnaval y la belleza de su particular esencia
Italia es hermosa de pies a cabeza, algo de lo cual a esta altura no cabe duda. Cada una de sus ciudades y cada uno de sus pueblos cuentan con características particulares que los hacen únicos e incomparables con los demás. Y, quizá, el ejemplo que mejor ilustre ese variado encanto italiano sea Venecia, la ciudad más distinta de todas por excelencia.






SU TAN SINGULAR IDENTIDAD: UNA CIUDAD VIVIDA A TRAVÉS DE LOS CANALES
A esta altura del partido, es definitivamente trivial decir que la esencia de Venecia —y por ende su encanto— está íntimamente ligada a esos canales que la hacen tan distinta de otras ciudades. Pero es así, y no hay más vueltas para darle al asunto. Porque estamos hablando de una ciudad que es bonita a nivel arquitectónico, que posee un sinfín de edificios cuyos detalles más ínfimos son verdaderas obras de arte y que, además, tiene al agua de la laguna como protagonista importante en el día a día.
Venecia no es la única ciudad cruzada por canales, pero sin lugar a dudas es una de las que más provecho saca a esa singularidad que le aporta aún más belleza. Porque resulta que la ciudad está asentada sobre un archipiélago que cuenta con 118 islas, algo que fomentó la construcción de más de cuatrocientos puentes necesarios para cruzar a pie de una isla a la otra. Sí, leyó bien, señor lector: más de cuatrocientos puentes forman parte del escenario cotidiano de la ciudad.
Además, otra particularidad que torna especial a Venecia es el hecho de que allí no puedan circular vehículos a motor debido justamente a esa particular constitución a base de islas. Así, el único medio de transporte válido en la ciudad es el acuático, que se constituye por embarcaciones particulares y turísticas, por taxis fluviales, por vaporetti (autobuses fluviales) y por las tradicionales góndolas.











No importa si es de día o de noche, pues caminar por las calles de Venecia es algo único en cualquier momento del día. Lo que hay para ver en la «Reina del Adriático» es mucho, pero todo igual de bonito: desde el punto de vista cultural, se destacan el Teatro La Fenice, la Colección Peggy Guggenheim, las Galerias dell’Academia o la Libreria Acqua Alta; si lo que se quiere es tener vistas preciosas de la ciudad, entonces son imperdibles la terraza del Fondaco dei Tedeschi (un centro comercial que ofrece subir gratuitamente a su parte más alta con reserva previa) y la Basílica de San Marcos (para la cual será necesario visitar el Museo e Loggia dei Cavalli o el Campanile si se quiere tener una panorámica privilegiada de la neurálgica Plaza de San Marcos); y, por supuesto, desde el plano arquitectónico la ciudad ofrece un sinfín de edificios que valdrá la pena ver tanto a pie como a través de sus canales. Además, si se habla de canales entonces hay un gran must que no se podrá obviar: pasear en una góndola veneciana, que permitirá meterse por canales pequeños, pasar por debajo de puentes casi escondidos o inaccesibles a pie y, claro, sentirse diminuto ante la inmensidad de Venecia.













































EL FAMOSO CARNAVAL, UNA TRADICIÓN QUE LE APORTA AÚN MÁS MAGIA
Es natural pensar que Venecia no puede ser más linda, pero eso sería caer en un error. Porque la ciudad, que ya es especial por el agua que la define, lo es aún más cuando llega el carnaval. Estamos hablando de una celebración tradicional de Venecia que se remonta al el lejano siglo XI, que fue declarada oficial en el siglo XIII en la República de Venecia y que se popularizó hasta tal punto que incluso hoy en día la gente lo celebra vistiéndose como se solía hacer en el pasado.
Si Venecia, con sus canales, su antigüedad y su pintoresca arquitectura ya es épica, visitarla en época de carnaval es algo maravilloso. Porque al hecho de caminar por calles estrechas, navegar en góndolas a través de los canales y comer algo en locales gastronómicos acogedores se le suman miles de personas ataviadas con ropas mayoritariamente del siglo XVIII —período en el cual el carnaval alcanzó su auge— y con máscaras que ocultan sus rostros y las dotan de misterio.
Sin lugar a dudas, valdrá la pena visitar Venecia en el cualquier momento del año. Pero es también innegable que hacerlo durante el carnaval será una experiencia totalmente distinta, pues el visitante sentirá que no sólo está en otra ciudad y en otro país, sino en un marco temporal totalmente lejano. Algo que los nostálgicos, naturalmente, agradecerán.





















MURANO Y BURANO, LAS OTRAS ISLAS DE LA LAGUNA DE VENECIA
Es normal que, al visitar Venecia, sea la propia ciudad la que demande mayor atención. Sin embargo, la laguna de Venecia cuenta con otras islas de nombres similares que, si el tiempo no escasea, merecen ser visitadas: Murano y Burano.
La más cercana partiendo desde la ciudad de Venecia es Murano, que se encuentra a tan sólo un kilómetro de distancia y a la cual se puede acceder por vía fluvial. Así, quien visite Venecia no tardará casi nada en llegar a Murano, una pequeña pero bonita isla que tal vez no se destaque por su arquitectura o por su gran oferta turística, pero que cuenta con una particularidad: es reconocida por su producción artesana a base de vidrio. El vidrio de Murano, famoso a lo largo de todo el mundo, es originario de esta isla y, por ende, en ella se encontrará una enorme cantidad de comercios que ofrecen verdaderas obras de arte producidas con aquel material de alta calidad.
Por otra parte, un poco más lejos se encuentra Burano. Precisamente a siete kilómetros desde Venecia, será posible encontrar otra isla pequeña que, al igual que Murano, posee una particularidad que la hace meritoria de una visita: sus famosas casas de colores. Nada que no se pueda ver en otras ciudades europeas, claro, pero que en este caso se amalgamará con los canales y los puentes para ofrecer postales verdaderamente pintorescas.






Algunos estudios científicos auguran que, debido a los cambios medioambientales, en el futuro Venecia podría quedar sepultada bajo el agua. Roguemos que eso no ocurra, pero, por si acaso, tratemos de visitarla siempre que podamos. Total, no importa la cantidad de veces que se vaya, pues la ciudad siempre nos recibirá con su misma encantadora esencia.
Imagen destacada: Martín Bugliavaz/Alicia Villalta Oliveira.



