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Ushuaia, una ciudad patagónica tan subestimada como épica

Hablar de la Patagonia argentina es, muchas veces, hablar de sitios como Bariloche, San Martín de los Andes o El Calafate. Sin embargo, en su punto más austral existe una tierra que no tiene nada que envidiarle a las mencionadas ciudades y que, además, se encuentra revestida de una mística muy particular: Ushuaia.

El original y pintoresco Aeropuerto Internacional de Ushuaia. Foto: Carpeal.

UNA FUERTE CONEXIÓN CON LA PATRIA

En los colegios se les enseña a los chicos que esta ciudad es la capital de la provincia de Tierra del Fuego, pero con el paso del tiempo uno descubre que, en realidad, es mucho más que eso. Porque Ushuaia no es solamente la capital de Tierra del Fuego, sino de una división administrativa cuyo nombre completo es Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Esto quiere decir que, de hecho, Ushuaia es el centro neurálgico administrativo de la porción de la Antártida que posee la Argentina y también de islas entre las cuales se destacan las Malvinas, algo que la dota de un patriotismo que se puede respirar a través de su aire.

Ushuaia fue fundada en 1884 tras decidirse que aquella tierra estaba ubicada en un punto estratégico, algo que al día de hoy sigue siendo así, pues desde allí parten las expediciones hacia la Antártida. Pero, además, Ushuaia supo ser estratégica por otro motivo: la encarcelación de criminales y presos políticos. Es que desde 1902 y hasta 1947 funcionó en la ciudad el Penal de Ushuaia —conocido actualmente como «La cárcel del fin del mundo»—, un establecimiento en el cual estuvieron encerradas figuras como «El Petiso Orejudo», Simón Radowitzky, Mateo Banks o Ramón Falcón y gracias al cual Ushuaia logró crecer, pues allí los reos eran obligados a trabajar.

Aunque parezca mentira, todo eso se palpa en el ambiente de Ushuaia. En la zona donde se encuentra el antiguo penal, donde hoy funciona el museo, la atmósfera es lúgubre y el recinto, que cuenta con réplicas de los presos más destacados, es tétrico y evoca una Argentina de otros tiempos, donde los crímenes eran castigados y se pagaban con el servicio a la patria. Una patria que, además, está presente en distintos rincones de la ciudad: en el emplazamiento del Área Naval Austral; en las referencias a Malvinas, con murales que rezan «Ushuaia, capital de las Malvinas» y con el Monumento Héroes de Malvinas; y en los colores patrios que se pueden ver por doquier y que hallan su máximo esplendor en la bandera junto al mencionado monumento a los caídos en la guerra contra el Reino Unido.

LA NATURALEZA COMO MÁXIMO ESTANDARTE

Si hablamos del Monumento Héroes de Malvinas, quien visite Ushuaia podrá encontrar junto a él la que será, quizá, una de las mejores postales de la República Argentina: la bandera nacional flameando por el intenso viento de la costa con los Montes Martial de fondo. Una verdadera delicia que, además, define la esencia de Ushuaia: su preciosa naturaleza.

A pesar de que en la Patagonia la fama de maravillas naturales se la llevan sitios como el Parque Nacional Nahuel Huapi (en Bariloche) o el Glaciar Perito Moreno (en El Calafate), lo cierto es que Ushuaia no tiene nada que envidiarles a aquellos destinos. Porque, además de los Montes Martial —donde se encuentra el Glaciar Martial—, la capital fueguina también cuenta con los espectáculos naturales que brindan el Parque Nacional Tierra del Fuego, el Canal de Beagle (y las pequeñas islas a las cuales permite llegar), el Lago Escondido, el Lago Fagnano o la Laguna Esmeralda.

Ir al Parque Nacional Tierra del Fuego es sinónimo de caminar en paz con el helado viento golpeándote en la cara; navegar por el Canal de Beagle te invita a imaginarte las primeras expediciones en la zona más austral del continente y te lleva a descubrir islas rocosas y un épico faro (el de Los Exploradores) que se roba la fama de otro (el de San Juan de Salvamento); y descubrir los faros, la laguna y el glaciar te hacen sentir pequeño ante una inmensidad natural que te permite alejarte de todos esos líos aparejados a las grandes ciudades.

Además, como si todo eso fuese poco, también funciona allí el Tren del Fin del Mundo. Se trata de un pequeño convoy turístico cuyo trayecto a decir verdad se queda un poco corto, pero que, de todas formas, permite tener una vista diferente de la naturaleza de la ciudad e induce a imaginar cómo era la vida en Ushuaia durante la primera mitad del siglo pasado. Y esto último es realmente impresionante, pues al atravesar el Cementerio de Árboles es imposible no proyectar allí a los los presos del antiguo penal, que eran forzados a trabajar en condiciones climáticas extremas.

LA FACETA MÁS URBANA: ARQUITECTURA ORIGINAL Y OFERTA CULTURAL AMPLIA

Seguramente, lo que más llevará a los turistas a conocer «La ciudad del fin del mundo» será su rutilante arista natural. No obstante, también es altamente probable que esos mismos turistas se sorprendan con el costado urbano ushuaiense, que les brindará la alternativa de disfrutar de mucho más que montañas, lagos e islas.

Ya al arribar al aeropuerto (que se llama, como no podía ser de otra manera, Aeropuerto Internacional Malvinas Argentinas) se percibe esa peculiaridad que distingue a Ushuaia. Porque el aeródromo, que fue inaugurado en 1997 y que es el más austral del mundo entero, anticipa la arquitectura que va a definir el paisaje urbano ushuaiense al estar construido con piedra y madera como la gran mayoría de las edificaciones de la ciudad. Unos materiales autóctonos de la Patagonia a los cuales se suma un revestimiento de cristal conocido como «Piel de vidrio» que lo hace único en el país.

Y luego, por supuesto, la ciudad en sí no se queda atrás. Siempre adornada por esas omnipresentes montañas nevadas, Ushuaia se destaca por poseer un movimiento intenso a pesar de su pequeñez. Así, el visitante podrá hallar en la neurálgica Avenida San Martín una enorme cantidad de locales gastronómicos que ofrecen platos típicos de la Argentina en general y de Ushuaia en particular —con la centolla fueguina como gran protagonista de la mayoría de los escaparates—, y también bares en los cuales disfrutar de la vida nocturna, entre los cuales el Hard Rock, con su enorme luminaria en forma de guitarra, acapara todas las miradas.

Más allá de eso, la capital fueguina cuenta con una interesante oferta cultural gracias a la gran cantidad de museos allí presentes. Quizá el más llamativo de todos ellos sea el ya mencionado Museo Marítimo y del Presidio, que está asentado donde funcionaba el antiguo Penal de Ushuaia y que no sólo relata la historia de la dura y fría cárcel, sino que también abarca otras temáticas a través del Museo Marítimo, el Museo Antártico y el Museo de Arte Marino que tienen lugar en el mismo edificio.

Sin embargo, hay más. Porque también en Ushuaia será posible visitar, entre otros museos, la Antigua Casa Bebán, el Museo de la Ciudad, la Galería Temática “Pequeña Historia Fueguina” y el Museo del Fin del Mundo, que da a conocer la historia de los pueblos originarios de la ciudad antes y después de las diversas expediciones extranjeras y nacionales que modificaron su dinámica de vida.

JULIO VERNE Y LA INMORTALIZACIÓN A TRAVÉS DE LA LITERATURA

Anteriormente se mencionó que el Faro de Los Exploradores (también conocido como Faro de Les Éclaireurs, por la expedición francesa a la cual le debe su nombre) saca provecho de la fama del Faro de San Juan de Salvamento. Pero, ¿por qué esto es así? Por dos grandes motivos: la literatura y la naturaleza.

Ocurre que Julio Verne, el famoso escritor francés conocido por incluir en sus obras mucho contenido histórico, geográfico y científico, publicó en 1905 una novela llamada El faro del fin del mundo. Inspirado en Ushuaia y en su entorno natural, Verne desarrolló una historia de piratas que derivó en la popularidad del Faro de San Juan de Salvamento ubicado en la Isla de los Estados. No obstante, y debido a su difícil acceso vía marítima para la realización de expediciones turísticas, las compañías de viaje decidieron realizar visitas al Faro de Los Exploradores, que es mucho más accesible y que, por ende, en la mente de muchas personas es el verdadero faro del fin del mundo de la novela.

A esta altura de la crónica seguramente sonará como una trivialidad, pero vale la pena dejarlo bien claro: Ushuaia lo tiene todo. Tal vez algo subestimada debido al marketing que beneficia a otros sitios de la bonita e imponente Patagonia, la capital fueguina no sólo se destaca por una maravillosa naturaleza, sino también por su pintoresco diseño urbanístico y, sobre todas las cosas, por ese ambiente épico constituido por el patriotismo y por su particular ubicación geográfica, que la lleva a ser conocida como «el fin del mundo».

Imagen destacada: Martín Bugliavaz.

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