Essaouira, un oasis cercano a un desierto llamado Marrakech
Es bien sabido que, para muchos, Marrakech puede ser tan bonita e interesante como caótica y agobiante. Y, a pesar de contar con algunos espacios verdes que sirven como refugios (como, por ejemplo, El Jardín Secreto), a veces pueden no ser suficientes para recuperar las fuerzas. Sin embargo, fuera de la «ciudad roja» es posible hallar refrescantes alternativas como Essaouira.
Ubicada a poco más de 170 km de Marrakech, Essaouira (también conocida como Esauira en español) es una ciudad costera bañada por las aguas del Atlántico. Y el hecho de que esté situada sobre la costa no es un detalle menor si de una escapada se trata, pues Essaouira, aunque también es calurosa, le permite al visitante proveniente de Marrakech refrescarse del calor sofocante de la ciudad imperial gracias al viento que transmite ese frío tan característico del segundo océano más extenso del mundo.

Otro de los beneficios que las aguas le reportan a Essaouira —y por ende a todo el que ponga un pie en ella— es la presencia del puerto. A pesar de que es altamente probable que aquella zona represente la experiencia más negativa de la visita a la ciudad —debido al intenso olor a pescado que se potenciará por unos puestos callejeros caracterizados por su escasa higiene—, gracias al puerto es posible degustar comida de mar fresca que los parrilleros ubicados antes de la puerta monumental Bab El Marsa preparan para sus clientes poco tiempo después de haber sido obtenida por los pescadores locales.
No obstante, si se habla de frescura y de Essaouira, entonces indefectiblemente se debe hablar de las sensaciones que transmite el zoco de la ciudad. Porque, a pesar de ser más pequeño que su par marrakechí y de poseer una calle principal que se llena de transeúntes —la avenue Mohamed Istiqlal—, brinda tranquilidad. Caminar por el zoco de Essaouira permite apreciar todos esos productos típicos de Marruecos que también se pueden encontrar en Marrakech, pero con calma y sin el asedio de los comerciantes, que parecen tomarse las cosas con mucha más calma que en la «ciudad roja». Y eso sin mencionar que fuera de la avenida Mohamed Istiqlal la paz es completa, al punto tal que allí es posible recorrer el resto de las coloridas callecitas que componen la medina y donde se pueden encontrar gatos por doquier.

¿Qué otras bondades le aportará Essaouira a quien se aventure a visitarla? Muchas, y eso dependerá de los gustos de cada uno. Sin embargo, la imponente puerta monumental Bab el-Sebâa, la antigua Torre del Reloj (también conocida como L’Horloge en francés), la pequeña pero pintoresca librería Le Bibliophile o el cálido y acogedor café Sisterhood son algunas de las opciones que vale la pena explorar mientras se pasea.
Tras alrededor de tres horas de recorrido en autobús partiendo desde Marrakech (y, válida la aclaración, particularmente desde la estación de autobuses de la compañía CTM), es posible encontrar en Essaouira un verdadero oasis de paz que permite desacelerar el frenético ritmo tan característico de la «Perla del Sur». Un verdadero refugio en el cual será posible refrescarse a través del viento proveniente del Atlántico (y, por qué no, también bañarse en sus aguas), comer comida marítima recién pescada y disfrutar de un colorido y calmo paseo por una medina en la cual da gusto caminar.


















Imagen destacada: Martín Bugliavaz/Alicia Villalta Oliveira.


