España, nueva campeona del mundo: celebran los españoles y celebra también el fútbol
Algunos futboleros sostienen la teoría de que cada campeón mundial, más allá de su desempeño en la final del certamen deportivo más popular de todos, es siempre un justo campeón debido a todo el camino recorrido hasta allí. Y aunque aquel postulado es más que dudoso, sus defensores podrían tomar a la selección española campeona del Mundial 2026 como el más sólido de sus ejemplos.
Tanto por lo que hizo a lo largo de los siete partidos que la llevaron al encuentro decisivo como por lo que hizo ante la Argentina para ponerse la corona mundial por su segunda vez en su historia, España no dejó ni la más mínima duda en torno a los méritos de un proceso deportivo que comenzó en 2022 tras la prematura eliminación en el Mundial de Catar, donde cayó por penales ante Marruecos en los octavos de final.
Luego de que Luis Enrique dejase el mando vacante, el riojano Luis de la Fuente, que en ese entonces estaba al mando de la selección Sub-21, fue designado por la Real Federación Española de Fútbol como el nuevo director técnico de la selección absoluta. De esa forma, el 8 de diciembre de ese mismo 2022 comenzó un proceso que llevó a la conquista de casi todos los torneos disputados hasta la fecha: la Nations League 2023, la Eurocopa 2024 y, recientemente, el Mundial 2026. La única excepción la representó la Nations League 2025, en la cual España cayó derrotada por penales en la final ante Portugal, instancia a la cual había llegado invicta.
Y si se habla de méritos, es completamente necesario señalar que España comenzó a acumularlos desde el mismísimo momento en el que De la Fuente fue designado. O incluso antes. Porque el entrenador artífice de todos los logros acumulados en los últimos cuatro años fue también el responsable de la obtención de la Eurocopa Sub-19 de 2015, los Juegos Mediterráneos de 2018 —también con la Sub-19—, la Eurocopa Sub-21 de 2019 y la plata olímpica de 2020 con la Sub-23. Una decisión que refleja todo el trabajo realizado en las divisiones juveniles y que hoy, con el bordado de la segunda estrella sobre el escudo de la federación, le demuestra al mundo lo que se puede lograr cuando detrás hay un proyecto.
Este logro deportivo de España hace felices —naturalmente— a los españoles, que hoy pueden ostentar el epíteto de campeones del mundo con todas las letras por saber que lo conseguido no llegó por mera casualidad, sino por una planificación de muchos años. Algo de lo cual ya supieron estar orgullosos más de una década atrás, cuando también en un periodo de cuatro años festejaron dos Eurocopas y su primera Copa del Mundo. Sin embargo, la conquista de este Mundial no sólo la festejan los españoles, sino todos los verdaderos aficionados del fútbol.
Porque España se llevó el certamen con autoridad, desplegando un sólido nivel de juego que fue creciendo con el correr de los partidos y que mostró su máxima expresión justamente en la final ante la Argentina, donde no quedaron dudas de que mereció llevarse el triunfo. Los únicos que parecen cuestionar el mérito de España son los argentinos, que, curiosamente, fueron los que más favorecidos resultaron a lo largo de un Mundial repleto de polémicas decisiones arbitrales de las cuales se beneficiaron y en el cual el propio presidente de la FIFA, en reiteradas oportunidades, no fue capaz de disimular su favoritismo por la selección comandada por Lionel Messi. Ante esa balanza que parecía estar inclinada de antemano para la Argentina en los escritorios —o en la sala del VAR, si se prefiere—, España no podía permitirse bajar el nivel. Y no lo hizo.
Y es justamente al realizar un contraste con la Argentina que el logro de España adquiere una nueva arista: la moral. Porque, a diferencia de lo ocurrido con la avergonzante actuación de los jugadores de la selección albiceleste en la Copa América 2021 y el Mundial 2022, los futbolistas españoles demostraron una caballerosidad que dignifica a un deporte que ya hace largo rato extraña el fair play. Lo hicieron en el último partido de la fase de grupos ante Uruguay, donde expusieron ante los ojos del mundo esa salvaje manera de jugar al fútbol a la cual los sudamericanos están acostumbrados, y lo hicieron también en la final ante Argentina, donde mostraron un temple digno de un campeón ante un rival que dejó sobradas muestras de antideportividad tal como en tantas otras ocasiones.
Lo de España es un ejemplo de moral que, en realidad, no es más que el reflejo de su sociedad, que supo celebrar de manera civilizada a lo largo y ancho de las calles de su país sabiendo que al día siguiente la vida continúa y que hay muchas cosas más importantes que el fútbol. Por eso, su conquista del Mundial fue celebrada más allá de sus fronteras por todos aquellos apasionados por ese fútbol que se practica con buenos valores. Como debería ser siempre.
Imagen destacada: Hannah McKay / REUTERS.


