«Persépolis», un triste pero necesario testimonio iraní de inmigración y decadencia
Se dice por ahí que hay tantos tipos de migraciones como personas en el mundo. Están aquellas migraciones que responden a una necesidad impulsada por el deseo de conocer otras culturas y modos de vida. Y, entre otras, también están aquellas migraciones que surgen de la fuerza mayor, de la necesidad de huir de la patria por un motivo u otro. Este último, justamente, es el caso de Marjane Satrapi, una artista iraní que se dio a conocer al mundo a través de su opera prima: Persépolis.
Publicada originalmente en cuatro tomos desde el 2000 hasta el 2003, Persépolis es una novela gráfica en la cual la autora relata su historia de vida en torno a la Revolución islámica que se produjo en su país en 1979 y que terminó provocando su exilio definitivo en Francia, país del cual luego obtuvo la nacionalidad y en el cual desarrolló una carrera profesional que en Irán, por motivos ideológicos, se encontraba plagada de obstáculos.
«La llave del paraíso era para los pobres. Miles de jóvenes a los que habían garantizado una vida mejor se metían en campos de minas con la llave al cuello y volaban por los aires».
Marjane Satrapi en «Persépolis» (2000-2003)
En una época en la cual está instalado el debate en torno a unos valores del islam que cada vez se encuentran más presentes en Europa debido a las migraciones masivas, la lectura de Persépolis se torna fundamental para tener en consideración las consecuencias que el fanatismo religioso puede acarrear. Porque la propia autora, que vivió en carne propia los cambios que sufrió Irán tras el derrocamiento del sah, se encarga de narrar todo el proceso de modificaciones que su país fue experimentando, desde la ejecución de todo aquel que pensaba diferente al nuevo régimen hasta el cercenamiento de los derechos de las mujeres, que de buenas a primeras se vieron obligadas a utilizar velo para cubrir su cuerpo y a depender completamente de la voluntad de los hombres. Un proceso lento pero continuo que forzó a Satrapi, al igual que a muchos de sus compatriotas, a dejar una tierra que amaba pero en la cual ya no se sentía ni cómoda, ni segura, ni identificada.
En Persépolis —que también fue cinematográficamente adaptada en 2007—, la artista persa cuenta sus vivencias en su país y en el extranjero desde 1979 hasta 1994, año en el cual emigró definitivamente. Y lo que narra sobre esos quince años de su vida, a pesar de ser a través de un cómic que se nutre del absurdo, la ironía y la comicidad, logra hacer empatizar al lector sobre la depresión, la frustración y la tristeza que vivió durante su periplo europeo cuando sus padres la enviaron a estudiar a Austria. Allí, la joven Marjane enfrentó los dilemas propios de muchos inmigrantes —desde el aprendizaje de un nuevo idioma hasta la adaptación a una cultura totalmente diferente a la propia—, pero además cargando siempre sobre su espalda la situación de su patria, que no sólo la hacía vivir preocupada por las vidas de sus familiares debido a la guerra contra Irak, sino también por la percepción que muchas personas tenían de ella por el mero hecho de ser iraní en ese preciso momento de la historia.
Y tal vez eso sea lo que más impresiona de la historia de Satrapi: lo rápido que Irán cayó en la decadencia. Porque, si bien está claro que las cosas no marchaban bien en el país mientras estaba gobernado por la dinastía Pahlaví —que fue lo que desencadenó las primeras protestas masivas—, desde que se instauró la teocracia todo rápidamente fue a peor. De hecho, la transformación iraní fue tan brusca que, a alguien que no conoce cómo era el país antes, posiblemente le resultará extraño ver imágenes de las calles de Teherán de la década del 70, cuando las mujeres no debían ir cubiertas de pies a cabeza para poder circular por ellas.
¿Cómo es posible que un régimen así se haya instalado en el poder y siga vigente hasta el día de hoy? ¿Cómo es posible que la población, que salió a las calles a manifestarse contra el sah, no haya podido ver venir y detener a esos personajes que, entre muchas otras cosas, llegaron a cerrar durante dos años las universidades por considerarlas educadoras de «futuros imperialistas»? Y, sobre todas las cosas, ¿cómo es posible que personas que luchaban por más derechos hayan terminado con aún menos derechos de los que tenían antes? Preguntas como esas son las que surgen al adentrarse en el mundo que Marjane Satrapi relata en Persépolis, una obra que lamentablemente hoy en día, cuando el pueblo iraní está siendo reprimido por manifestarse en contra de un gobierno que lo está haciendo pasar hambre, continúa más vigente que nunca.
Imagen destacada: FILMIN.


