Historias de Europa,  Periodismo

El bidé, un antiguo artefacto sanitario que polariza opiniones y hoy vuelve a ser tendencia

Zohran Mamdani, el flamante alcalde de Nueva York, llegó a su nuevo cargo destapando una polvareda de controversias. Casi todas ellas políticas, claro, pero hubo una que resultó particularmente curiosa para los medios de comunicación, que no pudieron evitar darle cobertura y así convertirla en una tendencia: la posible instalación de un bidé en Gracie Mansion, su residencia oficial.

En medio de las idas y vueltas con Trump, el funcionario neoyorquino sacó un inesperado tema de su galera y volvió a poner en escena a un dispositivo que se cree que existe desde la Edad Media y que, hasta el día de hoy, más de seis siglos después, sigue generando controversias en torno a su historia, a sus usos y a su relevancia.

Una representación del bidé en la antigüedad. Imagen: «La Toilette intime», óleo de Louis-Léopold Boilly.

UNOS COMIENZOS ALGO DIFUSOS Y TAMBIÉN CUESTIONADOS

Si bien se cree que el bidé nació durante la Edad Media, lo cierto es que la primera mención fehaciente se produjo recién en el siglo XVII, cuando René Louis de Voyer de Paulmy, ministro del rey francés Luis XV, describió en sus memorias una excéntrica escena en la cual Madame de Prie se lavaba su zona íntima en un bidé enfrente de él mientras mantenían una conversación.

Es justamente en Francia donde se considera que el bidé fue inventado, pues, además del mencionado primer registro escrito sobre el artefacto, su propio nombre original, bidet, viene de la lengua gala. Esta denominación, a su vez, deriva del término con el cual se conocía en Francia a un pequeño caballo hoy ya extinto, en clara alusión a la posición en la cual el usuario del bidé debe colocarse para higienizarse.

A pesar de que actualmente el bidé es asociado a la función de la higiene, en otros tiempos llegó a significar mucho más. Porque, a pesar de que se cree que efectivamente la idea original de su invención radicaba en limpiar más y mejor en una época en la cual la bañera o el agua corriente no eran lujos que todos pudiesen permitirse —ni siquiera las personas con un mayor poder adquisitivo—, el bidé también era utilizado como método anticonceptivo, pues erróneamente se creía que la rápida limpieza de los fluidos corporales después de las relaciones sexuales contribuía a evitar embarazos. Esta práctica, de hecho, fue la que más rechazo generó en perjuicio del bidé, al que muchos —la Iglesia católica incluida— asociaban a comportamientos considerados indecorosos, como las relaciones extramatrimoniales o la prostitución.

Imagen del bidé europeo, cuyo chorro de agua fluye desde arriba hacia abajo. Foto: Foschia.

LA EXPANSIÓN DEL BIDÉ EN EUROPA Y SUDAMÉRICA COMO PRINCIPALES DESTINOS

El bidé surgió en Francia, sí, pero se expandió hacia otras naciones al punto tal que en algunos destinos se volvió incluso más popular que en su sitio de origen. En ese sentido, quizás el ejemplo más representativo sea el de Italia, donde al día de hoy las estadísticas señalan que el bidé está presente en el 98% de los hogares. De hecho, todo aquel que conozca a un italiano no tardará en darse cuenta de cuán importante es para él ese artefacto al que se considera sagrado a la hora de hablar de higiene.

Un caso similar al de Italia lo constituye Argentina, donde se podrá encontrar un bidé en el 90% de las casas. Debido al fuerte impacto de las olas migratorias que dejaron a muchísimos italianos, españoles y franceses en el país, la idiosincrasia argentina, al igual que la italiana, tiene como elemento constitutivo a ese artilugio de baño que también se considera fundamental en el hogar.

De todas formas, ni Italia ni Argentina se encuentran solas en sus respectivos continentes si de bidé se habla, pues sus vecinos también cuentan con él a la hora de diseñar las viviendas. Así, mientras que los italianos comparten sus preferencias con los portugueses y los españoles, los argentinos hacen lo propio fundamentalmente con los uruguayos y los paraguayos.

No obstante, mientras que en Sudamérica se mantuvo relativamente estable, la popularidad del bidé en Europa menguó con el paso del tiempo. Tal es así que incluso en Francia, donde fue desarrollado, su presencia en hogares pasó del 92% en la década del 70 a casi desaparecer en la actualidad. España representa un caso similar, pues allí pasó de estar en la mayoría de las casas a sólo en un 60% de ellas al día de hoy, con una tendencia que parece ir incluso más a la baja si se tiene en cuenta que en las nuevas viviendas no se están instalando debido a la optimización del espacio que los constructores priorizan.

El bidé argentino, con el chorro de agua fluyendo verticalmente de abajo hacia arriba. Foto: Vice.

LAS VARIANTES EN OTRAS PARTES DEL GLOBO

Más allá de Europa y Sudamérica, la funcionalidad del bidé también se puede hallar en Asia pero con formatos diferentes. Un conocido ejemplo es el de Japón, donde la higienización se realiza directamente en el váter, que cuenta no sólo con el típico chorro de agua como el que tiene un bidé, sino muchas otras funcionalidades como el ajuste de presión y temperatura del agua o el secado con aire caliente.

Por otro lado, en otras partes de Asia también es muy habitual el uso de lo que se conoce como shattaf, que es una ducha que cumple las mismas funciones que el bidé europeo. Así se lo denomina en Oriente Medio, pero su empleo no sólo se lleva a cabo en los países árabes de esa región, sino también en el este y en el sur del continente, donde se lo llama bidet spray, bidet shower o hand shower.

Un shattaf o ducha de mano. Foto: GROHE.

Está claro que no todo el mundo utiliza ni el bidé ni aquellos artefactos similares que se encuentran presentes en diferentes regiones del planeta. Sin embargo, y al igual que en el pasado, este artefacto sanitario sigue generando controversia y polarizando opiniones: mientras que algunos lo consideran inútil y hasta molesto en una época en la cual el espacio no sobra, otros no se imaginan una vida sin su existencia.

Imagen destacada: Mano Mano.

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