El Palacio Barolo en la mítica Avenida de Mayo de Buenos Aires.
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El Palacio Barolo, el edificio de Buenos inspirado en la «Divina Comedia» de Dante Alighieri

La Divina Comedia es una obra literaria tan trascendental que no sólo marcó un antes y un después en Italia —cuyo idioma oficial deriva del dialecto en el que Dante Alighieri redactó su obra cumbre—, sino que traspasó fronteras hasta el resto del mundo. Tan es así que en Buenos Aires, a miles de kilómetros físicos y temporales de distancia, existe un edificio completo inspirado en su universo: el Palacio Barolo.

A simple vista, parece uno más entre la arquitectura ecléctica de la mítica Avenida de Mayo. Sin embargo, al detenerse a contemplarlo, se percibe de inmediato que el Palacio Barolo posee un aura mística que adelanta las maravillas que aguardan en su interior.

LA DIVINA COMEDIA: UNA OBRA CUMBRE DE LA LITERATURA UNIVERSAL

Para comprender la magnitud artística de la arquitectura del Barolo, es necesario repasar la obra en la que se basó el arquitecto italiano Mario Palanti por encargo de su compatriota Luis Barolo, un próspero empresario agrotextil también nacido en Italia.

La Divina Comedia es un poema alegórico escrito por Dante Alighieri en el siglo XIV. La obra narra el viaje del propio autor a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso en busca de su amada Beatrice, superando toda clase de obstáculos morales y teológicos.

La «Divina Comedia», la obra maestra de Dante Alighieri. Foto: Martín Bugliavaz.

Dante dividió el poema en tres partes o cánticas, poblando su travesía con metáforas, referencias mitológicas y figuras históricas. Entre ellas destaca el poeta romano Virgilio, quien actúa como su guía a través del Inframundo. Aunque hoy la conocemos con el adjetivo «divina» (añadido posteriormente por Giovanni Boccaccio), el título original de Dante fue simplemente Comedia, debido a que la historia parte de un escenario oscuro y concluye en un final dichoso.

Bustos de Dante y Beatrice junto a una copia de la «Divina Comedia» en el Palacio Barolo. Foto: Martín Bugliavaz.

EL PALACIO BAROLO: LA TRANSFIGURACIÓN DE LA LITERATURA EN ARQUITECTURA

Con este trasfondo literario, cobra sentido el diseño ideado por Mario Palanti. Todo comenzó cuando Luis Barolo, afincado en Buenos Aires desde 1890, proyectó un edificio de oficinas. Su ambición superaba lo comercial: quería levantar una estructura repleta de simbolismo dantesco que pudiera albergar en el futuro las cenizas de Dante Alighieri al temer que las guerras europeas terminaran destruyendo la tumba del poeta en Rávena.

Iniciada en 1919 e inaugurada en 1923, la construcción sintetiza la arquitectura y la literatura mediante numéricas precisas:

  • 100 metros de altura: en homenaje a los 100 cantos de la Divina Comedia.
  • 22 pisos: en alusión a la cantidad de estrofas de los versos dantescos.
  • 9 bóvedas de acceso: que representan los 9 círculos del Infierno en la galería del Pasaje Barolo.

De la misma manera que el recorrido de Dante asciende desde las profundidades hasta la luz, el rascacielos se estructura en tres secciones verticales:

  1. El Infierno: abarca los dos subsuelos y el pasaje central, decorado con monstruos marinos, dragones y cóndores en las luminarias.
  2. El Purgatorio: comprende del piso 1 al 13, donde las paredes muestran alegorías de los siete pecados capitales que las almas deben purgar.
  3. El Paraíso: se alcanza a partir del piso 14 y culmina en la emblemática Torre del Barolo, coronada por un faro que en su época de esplendor alcanzaba a verse desde las costas de Uruguay.

A esta simbología se unen inscripciones en latín, elementos asociados a la masonería —como la flor de lis que adorna los indicadores de los ascensores— y una de las vistas panorámicas más espectaculares de la capital argentina, con el Congreso de la Nación en primer plano.

EL PALACIO SALVO: EL GEMELO URUGUAYO DE MONTEVIDEO DEL BAROLO

La huella de Mario Palanti no se agotó en la Argentina. En Montevideo, el arquitecto diseñó un edificio hermano: el Palacio Salvo, encargado por los empresarios José y Lorenzo Salvo e inaugurado en 1928 en la Plaza Independencia.

La idea original de Palanti era que los faros de ambos rascacielos emitieran destellos cruzados sobre el Río de la Plata, tendiendo un puente de luz entre ambas capitales. Aunque deficiencias en el cálculo óptico impidieron cumplir ese sueño, la vinculación entre ambas moles arquitectónicas sigue siendo innegable.

Luis Barolo murió en 1922, por lo que no llegó a estar presente en la inauguración del edificio que inmortalizó su apellido y que hasta incluso llegó a ser el más alto de Sudamérica. Y a pesar de que tampoco logró que su proyecto albergara los restos mortales de su tan admirado Dante, se puede decir que la memoria de Barolo puede estar en paz, porque el homenaje que le hizo al creador de la Divina Comedia es colosal. Y eso no lo puede negar nadie que conozca el Palacio Barolo.

Imagen destacada y galerías de imágenes: Martín Bugliavaz.

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