Colonia, el destino uruguayo por excelencia para escapar de Buenos Aires
Buenos Aires es una ciudad hermosa que posee un sinfín de atractivos. Sin embargo, la vida en la capital de la Argentina también es frenética y su ritmo, muchas veces, puede resultar agotador. Ante ese panorama, las desconexiones de la dinámica porteña se tornan indispensables y allí es cuando entra en escena una protagonista poco mencionada: la uruguaya ciudad de Colonia.
Tal vez el hecho de que sea una alternativa poco frecuente para tomarse un descanso de Buenos Aires responda a las constantes crisis económicas que no le permiten al argentino promedio darse el gusto de una escapada a un país vecino. O, tal vez, simplemente se deba a una preferencia por los destinos nacionales. Cualquiera sea el caso, lo cierto es que Colonia —cuyo nombre completo es Colonia del Sacramento— se caracteriza por la paz, que se manifiesta inmediatamente al poner un pie en ella.
Cruzar el Río de la Plata desde Buenos Aires hacia Colonia es casi como viajar en el tiempo. Porque ocurre que la ciudad uruguaya, que es la capital del departamento homónimo, cuenta con un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995 que transporta al visitante hacia otra época: la colonial, aquella que moldeó la arquitectura de la antigua urbe y que propició su nombre.
UNA HISTORIA FASCINANTE QUE CUENTA CON TRES DISTINTOS IMPERIOS
A pesar de que sería lógico pensarlo, Colonia no fue fundada por los españoles, sino por los portugueses. Curioso, ¿no? Aunque no se conoce con exactitud la fecha de su fundación, se estima que se llevó a cabo en enero de 1680 por Manuel Lobo, un administrador portugués que en aquel entonces era el gobernador de la capitanía de Río de Janeiro y que la nombró como Nova Colônia do Santíssimo Sacramento (Nueva Colonia del Santísimo Sacramento, en español).
A partir de ese entonces, y durante más de cien años, el Imperio portugués y el Imperio español se disputarían constantemente aquel nuevo asentamiento fundado por Lobo. En total, el territorio pasó de manos portuguesas a españolas cuatro veces, hasta que finalmente en el año 1777 quedó definitivamente integrado dentro del Virreinato del Río de la Plata.
Sin embargo, antes de que las colonias del Imperio español en América se independizasen habría tiempo para la entrada de otro grande de las conquistas a nivel mundial: el Imperio británico. Aunque fue tan sólo por unos meses, Colonia estuvo bajo dominio británico durante lo que hoy se conoce como las segundas invasiones inglesas al Río de la Plata, que se produjeron en 1807 cuando el reino gobernado por Carlos III intentó conquistar los territorios pertenecientes al Virreinato del Río de la Plata.
QUÉ HACER EN UNA ESCAPADA FUGAZ A COLONIA
Colonia es una ciudad pequeña, por lo cual se la puede recorrer en poco tiempo. Inclusive, si la escapada desde Buenos Aires no se puede extender más de un día, no habría problemas para conocer bien la urbe uruguaya que se encuentra a tan sólo cincuenta kilómetros de distancia. No obstante, el hecho de contar con más tiempo puede hacer que, naturalmente, la visita sea aún más apacible.
Si se quisiesen mencionar sitios en concreto, podrían señalarse como imprescindibles el puerto, la plaza de toros, el faro, la Basílica del Santísimo Sacramento (también conocida como Iglesia Matriz) o el ya mencionado casco histórico, donde se destaca la silenciosa Calle de los Suspiros y la imponente Puerta de la Ciudadela a través de la cual se accede. De todas formas, la experiencia de ver esos bonitos lugares históricos de Colonia no es completa si no se pasea con calma, pues lo más lindo de la ciudad del sur de Uruguay es la paz que transmite el silencio que caracteriza a sus calles.










Ingresar por la Puerta de la Ciudadela al casco viejo, apreciar la perfección de los adoquines que le dan forma a las calles, disfrutar de la carne y el vino uruguayos en un restaurante antiquísimo y respirar aire fresco en las rocas frente a la costa son algunos de todos esos momentos que hacen especial a Colonia del Sacramento, cuyo tesoro más valioso es la tranquilidad que no abunda demasiado en el otro lado del río.
Imagen destacada: Martín Bugliavaz.




