Verona, un justificado escenario para la célebre «Romeo y Julieta» de Shakespeare
Al pensar en una primera visita a Verona, es inevitable hacer la asociación de la ciudad italiana con la que, tal vez, sea la obra literaria romántica por excelencia: Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Y si alguien se pregunta qué es lo que tiene aquella urbe que llevó al dramaturgo inglés a incluirla como escenario de uno de sus trabajos más reconocidos, es casi seguro que sus dudas se disiparán en el mismísimo instante en el cual ponga un pie en ella.
Ubicada en el norte de la península itálica, Verona es la capital de la provincia homónima que forma parte de la región del Véneto. Podríamos decir que cuenta con una población de más de 200 mil habitantes o que su superficie se extiende hasta los 206 km2, pero eso sólo sería quedarse con lo cuantitativo y en realidad lo que verdaderamente importa al hablar de ella es lo cualitativo. Porque, justamente, calidad es lo que le sobra.
EL RECORRIDO HASTA LLEGAR A LA «CITTÀ ANTICA»: ADENTRÁNDOSE EN UNA MARAVILLA
Si la aventura comienza desde el aeropuerto Verona-Villafranca o desde la estación de trenes Verona Porta Nuova, entonces el efecto de descubrir Verona será aún más efectivo. Porque el aeropuerto y la estación ferroviaria se encuentran en las afueras y en el área residencial de la ciudad, respectivamente, y, por lo tanto, a medida que se avanza hacia el casco antiguo (città antica, en italiano) el paisaje se torna cada vez más épico.
La mejor introducción al casco histórico veronés la brinda el río Adigio, que será la primera muestra del espectáculo que representa la ciudad y que luego estará siempre presente acompañando al visitante. A lo largo del recorrido, será posible deleitarse con la tranquilidad de un río encausado sobre una construcción antigua que evoca tiempos muy remotos y que anticipa la ya mencionada épica que reviste a la parte más céntrica de la ciudad.
En cuanto la caminata avanza, y tras dejar atrás un buen tramo del río, se podrá apreciar cómo el escenario cambia. Las casas bonitas pero modernas (y, por ende, más terrenales) le empiezan a ceder el protagonismo a las estructuras más antiguas, y eso contribuye a comprender que no sólo se está llegando a la città antica, sino también a un lugar especial. Uno de esos que son tan típicos de Italia y que derrochan belleza a través de su antigüedad, de su arquitectura y de su elegancia.
Y, si por esas cosas cosas de la vida en el camino había quedado alguna duda, llegar al centro de Verona confirma que la decisión de Shakespeare de escogerla como escenario de Romeo y Julieta fue la adecuada. Porque allí el Adigio no sólo se vuelve más imponente por la galanura de los puentes y de los faroles que lo adornan, sino también porque se combina con otros elementos de igual preponderancia: el oscuro pavimento adoquinado, que contrasta con las coloridas plantas y las banderas de Italia presentes por doquier; las calles estrechas, donde se distinguen edificios antiquísimos con ornamentaciones de otra época que dejan en ridículo a los actuales; y un ambiente especial, con gente disfrutando de los mercados y de los bares sin importar la temperatura de la calle, que en invierno puede llegar a ser muy baja.
¿Qué más hace única a Verona? Como si todo lo mencionado hasta aquí no fuese suficiente, la milenaria ciudad tiene más: la Porta Borsari, que data del siglo I y que antiguamente marcaba el ingreso a la urbe; la Piazza Bra, que es la más grande de Verona y que está llena de comercios con terrazas que cuentan con una privilegiada vista de la Arena; la propia Arena, un anfiteatro de la Antigua Roma donde se realizan conciertos de ópera; la gran cantidad de templos católicos, como la Catedral de Verona, la Basílica de San Zenón o la Iglesia de Santa Anastasia; o la Piazza delle Erbe, también colmada de terrazas y de mercadillos, y donde además se podrá apreciar la Torre dei Lamberti.


















LA NOCHE, UNA POTENCIADORA DEL HECHIZO
Si hasta acá la descripción sonó a idilio, no hay más que esperar a hablar de la noche veronesa para que todo eso se quede corto. Porque con la caída del sol y el paulatino encendido de las luces de las farolas, Verona cambia y da una sensación aún más intensa de ser una ciudad antiquísima que formó parte de una de las civilizaciones más relevantes de la historia de la humanidad.
El espectáculo que regala el Adigio iluminado por la cálida luz artificial es excelso y se puede admirar a lo largo de toda la vera del río, pero hay ciertos puntos desde los cuales la experiencia se puede disfrutar aún más. Naturalmente, los puentes son algunos de ellos, pues desde allí se puede apreciar mejor el fluir de las iluminadas aguas que dotan de frescura a la ciudad (destacándose, por ejemplo, el Puente de Castelvecchio y el Puente de Piedra). De todas formas, tal vez el mejor spot para deleitarse con la noche veronesa sea el Castel San Pietro.
Este castillo, que data del siglo XIV y es propiedad de la ciudad de Verona, encarna el sitio ideal para grabar en la retina —y en la memoria de la cámara— una bonita postal de la urbe shakespeariana por excelencia. Quizás el castillo en sí no sea tan bonito si se lo compara con el casco histórico (o con otros castillos europeos), pero vale la pena su visita pues se encuentra en lo alto de la ciudad y, por ende, desde allí la vista panorámica de Verona es inmejorable. O, mejor dicho, mejora aún más cuando se sube de noche, pues en ese momento del día se podrá divisar toda la città antica iluminada por unas luces que realzan sus construcciones más idílicas.








LAS REFERENCIAS A «ROMEO Y JULIETA», NATURALMENTE INFALTABLES
El título de esta crónica adelanta que Verona justifica su privilegiada posición como escenario de una de las obras literarias más destacadas de todos los tiempos. En consecuencia, no es posible cerrar el recorrido sin mencionar las referencias hacia Romeo y Julieta y hacia William Shakespeare existentes en la ciudad.
En cuanto al dramaturgo inglés, es de destacar la existencia de un busto de bronce en homenaje a su figura realizado en el año 2005 y que se puede encontrar en el Corso Porta Nuova, a escasos metros de la Piazza Bra. Por otra parte, en torno a su obra romántica más reconocida será posible hallar sitios como la Tumba de Julieta, la Casa de Romeo, la Basílica de San Zenón o el Volto Barbaro. No obstante, hay otro lugar de la ciudad que, sin dudas, se roba todos los flashes: la Casa de Julieta.
Esta edificación es la más famosa por dos grandes motivos relacionados con el turismo. El primero de ellos tiene que ver con la casa en sí, pues allí los turistas suelen tomar las fotos obligatorias al archiconocido balcón de Julieta (que no era parte de ella en un principio, sino que se añadió a comienzos del siglo XX) y al busto de la protagonista de la reconocida historia, a la cual también le suelen tocar el pecho derecho porque se cree que trae suerte. Y el segundo está relacionado con el Club de Julieta, una organización que desde 1930 responde en diferentes idiomas las cartas de amor que las personas dejan en la Casa de Julieta y cuya actividad se popularizó gracias a la película Cartas a Julieta protagonizada por Amanda Seyfried.



Es innegable que, al día de hoy y tras años de adaptaciones, Verona está ligada a Romeo y Julieta. Sin embargo, está de más decir que, por tratarse de una ciudad que supo formar parte de la Antigua Roma, Verona es mucho más que el trabajo de un escritor. Y las muestras están a la vista, pues su atmósfera histórica se respira desde los primeros instantes en los cuales se distinguen esos vestigios de otros tiempos que la hacen tan singular.
Imagen destacada: Martín Bugliavaz/Alicia Villalta Oliveira



